Maleducados

Mayo 27, 2009

Una de las cosas que más me fastidia en el mundo es que una persona haga ruido en una biblioteca sabiendo que hace ruido y sin que haga nada por evitarlo. Sillas que se mueven, golpes en las mesas, gente susurrando, móviles, alguna risilla, tacones… cualquier sonido molesta en una biblioteca, obviamente porque el estudio requiere silencio, primo hermano de la concentración.

La catadura moral de estas personas que dañan los estudiosos oídos de sus compañeros adrede es bastante escasa, por no decir nula. Están, por un lado, los que van de geeks con su portátil y no se preocupan de haber quitado previamente el sonido antes de encenderlo. Bill Gates nunca imaginó que el sonido de su Windows se convertiría en una odiosa arma arrojadiza.

Están también las parejitas de enamorados que entre tema y tema se estudian mutuamente. Beso, palmada en el culo, te sobo un poco… Bueno, al menos lo hacen en silencio, ¿no? Pues no, tienen que soltar risillas flojas y gemidos de querencia innatos al hombre (y a la mujer). La biblioteca que habilite salas para románticos me tendrá como socio número 1.

Hay una raza de mujeres que prefiere ir a la biblioteca antes que salir de fiesta. Para tan magno acontecimiento, procuran vestirse con sus mejores galas y, por supuesto, con tacones. Clac, clac, clac, clac… el martilleo incesante de los zapatos paseando por la sala es, de un tiempo a esta parte, la mayor causa de suicidio en bibliotecas del mundo. Y no sólo hacen ruido los zapatos de tacón. También hay zapatillas que provocan un ruido chirriante en el suelo, como de katiuscas. Inevitablemente hay que mirar al sujeto que se compra las deportivas de auténtico plástico y observarle atentamente, con la mirada entreabierta y el ceño fruncido, odiándole. Deseando ser Cíclope para fundirle.

¿Qué me dices de los ruidos que hace la gente al comer/beber? Mascar chicle, masticar caramelos, abrir un bote de refresco, tragar… Leches, no es tan difícil ser un poco cuidadoso y evitar en lo posible el molestar al de al lado.

Otro grupo odiable en las bibliotecas es el de los enfermos. Lo primero: contagiáis al resto. Lo segundo: vuestras toses, estornudos y sorbetes de nariz ya no sólo molestan, sino que además, por un lado, dan asco y por el otro, miedo. Sí, miedo a pillar la gripe A1H1, que quién te dice a ti que el que te acaba de toser en la oreja no ha estado en México hace una semana.

Supongo que cada uno tendrá en su mente a otros grupos de personas empeñadas en no dejar estudiar al resto en una biblioteca. Yo tengo los míos, y son los de arriba. Maleducados, vaya.


Cosas de la edad

Diciembre 13, 2008

El otro día fui a la Fnac a comprar un regalo de cumpleaños con un amigo. En la sección de libros, mientras ojeábamos Gomorra, dicho amigo me comentó que se lo pidiera a Papá Noel o a los Reyes, y además, dado que no lo iba a pagar yo, que pidiese la edición buena, la cara, con sus tapas duras y todo, por el módico precio de unos 20 euros. Rápidamente respondí que para eso me regalasen la de bolsillo y con lo que sobraba podía recibir otro libro…

Enseguida recordé que cuando era pequeño tuve una crisis lectora al dejar atrás la edad en la que aún me diertían los libros de El barco de vapor. Comencé a darle importancia a los libros grandes, con bonitas tapas duras y bien ilustradas. Sin embargo, entre el precio y las pocas ganas que tenía de leer, compré pocos (también coincidió en buena parte con mi etapa tolkienana, en la que me bebí todo sobre la Tierra Media que pude y abandoné a su suerte el resto de libros del mundo, considerándolos muy inferiores a El Señor de los Anillos, ya ves tú qué cosas).

Pero he de decir que, con la edad, las cosas cambian mucho. El prisma varía de los 14 a los 20 años y ahora muy pocas veces me veréis con un libro que no sea de bolsillo. No sé si será porque por el mismo precio tengo dos libros de bolsillo o que se me hacen más cómodos para leer, pero los prefiero.

Mi próxima adquisición, por tanto, será Gomorra, en Fnac, por 7.55 (es lo que tiene ser socio):


El Señor de los Anillos Vs La Guerra de las Galaxias

Septiembre 4, 2008
http://blufiles.storage.msn.com/y1pkqDTkGzSVsbD0fFfKIHBvYCe8fYUimdPLHNeszvWIWaWNiwZUR9U0Jk8M3KiXRwdt3Wt2nHkqJ8

Nunca he tenido dudas en este tema. ESDLA está por encima de Star Wars. Y eso es decir mucho, porque La Guerra de las Galaxias, sobre todo los episodios IV, V y VI, tiene un nivel enorme en cuanto a calidad cinematográfica. En este sentido, creo que la aparición de tres nuevos largometrajes (cuatro si añadimos Las Guerras Clon) que narran la vida de Anakin Skywalker, han desvirtuado y hecho perder calidad total a la saga. Lo más destacable, y a grandes rasgos, es la aparición del personaje más ridículo que jamás ha aparecido en una película, como es el caso de Jar Jar Binksk, la actuación de Hayden Christensen, que sencillamente no está a la altura de lo que Anakin Skywalker representa para Star Wars y la búsqueda excesiva de la espectacularidad que proporcionan las nuevas tecnologías.

No hace falta que sea yo quien diga esto para que sea verdad, pero obviamente Star Wars marcó un antes y un después en el cine de ciencia-ficción. George Lucas ha sido al cine lo que Michael Jackson a la música. Lo dicho, un antes y un después.

No sabría decir muy bien el porqué, pero ESDLA siempre me gustó mucho más. Quizá porque en comparación entre la peli y el libro, la primera cumple con creces las expectativas, siendo reconocida por la Academia y consiguiendo un porrón de Oscars, cuando normalmente no es así. Ya se sabe eso de que “el libro es mejor que la peli” en casi todos los casos. Además, siempre fui más de la estética medieval que de la futurista.

¿Y tú de quién eres?


Reseña: “Trapos Sucios”

Junio 2, 2007

Periodistas y escritores se mezclan en este libro, obra del profesor de literatura David Lodge, en el que se muestra su vanidad y su miedo a los medios de comunicación.

Narrado en tercera persona, David Lodge cuenta la historia de una “contra-entrevista” que acaba peor de lo que podía pensarse en un primer momento. Sin usar largas descripciones, ni aspamientos innecesarios que hubiesen alargado excesivamente el libro, Lodge proporciona una lectura sencilla y rápida.

Su título es “Trapos sucios”, y una vez leído el libro, incluso sin haberlo hecho de manera completa, es fácil comprobar el porqué de la elección que realizó el autor. Y es que el objetivo por mirar en la basura y en los defectos de las personas es el eje sobre el que pivota la trama principal que desnuda David Lodge. Sin embargo el título por sí solo no incita a la lectura, ni tampoco ayudan demasiado las tapas, de color amarillo, ni la propia ilustración que acompaña, que no se sabe realmente lo que es.

La historia, como bien dice el propio autor, está basada en una obra de teatro escrita por el mismo autor y estrenada en 1998, aunque ha sido ligeramente modificada para adaptarla a la novela. La trama pertenece al verano de 1997, cuyos momentos finales le darán un giro al final que sorprenderá, en mayor o menos medida, al lector.

La estructura de la obra está organizada en cuatro capítulos sin nombre que separan la historia, ya que cada uno cuenta una parte de la trama, en el que la primera se encarga de la introducción de los personajes, el segundo y el tercero el nudo, y el cuarto el desenlace. Sin ninguna duda, del 1 al 3 se produce un in crescendo bastante bueno. Sin embargo, la cuarta y última parte pierde cierto valor narrativo y no acompaña al resto de la obra.

El estilo que usa David Lodge para contar su idea es totalmente informal, muy fácil de entender y le proporciona al libro una característica esencial: las dos o tres horas que el lector tarda en leerlo son deliciosas. Es fácil y rápido de leer, algo no muy sencillo de encontrar, y David Lodge lo regala en 145 páginas.

En definitiva, se trata de una historia de periodistas condensada en pocas páginas que adolece en su parte final, probablemente porque el hecho que aprovecha el autor para girar la trama ahora nos quede lejos y nos resulte poco impactante. Por lo demás, un estilo sencillo, sin demasiados aspamientos literarios ni complejas descripciones que sólo hubieran alargado el libro sin necesidad alguna.


Reseña: “La loca de la casa”

Junio 2, 2007

 

Rosa Montero es la autora de este libro escrito en primera persona en el que la propia Rosa narra a través de su mente y de sus recuerdos, ya sean verdaderos o no, multitud de historias, casos, citas y ejemplos sobre obras, escritores e incluso vivencias personales, las cuales no me atrevería a calificar como ciertas.

 

Y es que la autora combina tanto la autobiografía como la novela como el ensayo en una misma obra, convirtiendo su libro en una especie de novela autobiográfica que no llega a ser precisamente novela, ni tampoco ensayo.

 

El título es “La loca de la casa”, y está basado en una cita de Santa Teresa de Jesús, que dice tal que así: “La imaginación es la loca de la casa”. Resulta curioso, ya que la obra parece un desglose de la propia cita, pero aderezado profundamente por las experiencias de la autora.

 

Una vez leído el libro nadie negará la estrecha relación que existe entre él y la obra, sin embargo, “La loca de la casa”, unido a la foto elegida para la portada, parece una novela completamente distinta a lo que en relidad es. Probablemente hubiese sido mucho más acertado si la cita completa de Santa Teresa de Jesús hubiese llenado el espacio dejado para el título. Aun así, por sí solo no creo que consiga muchos lectores, ya que no es para nada llamativo, lo que posiblemente haga bueno lo que hay entre las tapas.

 

El libro consta de diecinueve capítulos, titulados por el propio número, escritos sin ningún orden cronológico aparente. Como no se trata de una novela con su clásico esquema presentación, nudo y desenlace el orden no tiene ninguna lógica argumentativa, sin embargo sí que existe una cierta relación entre temas en algunos apartados, como por ejemplo el tema de la muerte y la perdurabilidad de lo escrito, que salpica a los capítulos once y doce.

 

El estilo de Montero es totalmente informal, lo que produce una sensación agradable al leer la obra. No hace falta un gran esfuerzo para entenderla ni para seguir su orden, por lo que resulta entretenida. Probablemente el libro tenga más tirón para la lectora femenina que para el masculino, aunque la verdad es que no creo que sea intención de Rosa el haber escrito un libro para mujeres.

 

La obra en sí no tiene un tema específico sobre el que pivote la trama. Resulta una serie de narraciones en las que la autora cuenta sus experiencias, recuerdos y algunas historias vividas, probablemente de manera parcial, como la extraña situación en la que se vio envuelta con “M.”, ese actor al que creyó gravemente herido en el prólogo de lo que podía haber sido una noche que hubera recordado para toda la vida, siempre y cuando hubiese ocurrido de verdad. Por otra parte existen otros capítulos en los que no habla esplícitamente de historias vividas o no, sino de reflexiones y pensamientos propios acerca de los escritores, de las mujeres, de la muerte y su relación con la literatura… Incluso dedica párrafos realmente buenos a Tolstoi o Capote.

Tal y como afirma la propia autora al final del libro, en el post scriptum, todos los datos sobre terceras personas son ciertos y verdaderos, además de completamente comprobables en biografías o documentos. Sin embargo, lo concerniente a la propia autora puede estar distorsionado y en algunas ocasiones ficticio.

 

Para una persona cuya imaginación le haga volar cuando se acuesta, este libro le resultará muy bonito. Le encantará. Para alguien que suele mantener los pies en la tierra y no ceder ante las fantasías, este libro le será muy útil como pisapapeles o para hacer bulto en la estantería.