
Una de las cosas que más me fastidia en el mundo es que una persona haga ruido en una biblioteca sabiendo que hace ruido y sin que haga nada por evitarlo. Sillas que se mueven, golpes en las mesas, gente susurrando, móviles, alguna risilla, tacones… cualquier sonido molesta en una biblioteca, obviamente porque el estudio requiere silencio, primo hermano de la concentración.
La catadura moral de estas personas que dañan los estudiosos oídos de sus compañeros adrede es bastante escasa, por no decir nula. Están, por un lado, los que van de geeks con su portátil y no se preocupan de haber quitado previamente el sonido antes de encenderlo. Bill Gates nunca imaginó que el sonido de su Windows se convertiría en una odiosa arma arrojadiza.
Están también las parejitas de enamorados que entre tema y tema se estudian mutuamente. Beso, palmada en el culo, te sobo un poco… Bueno, al menos lo hacen en silencio, ¿no? Pues no, tienen que soltar risillas flojas y gemidos de querencia innatos al hombre (y a la mujer). La biblioteca que habilite salas para románticos me tendrá como socio número 1.
Hay una raza de mujeres que prefiere ir a la biblioteca antes que salir de fiesta. Para tan magno acontecimiento, procuran vestirse con sus mejores galas y, por supuesto, con tacones. Clac, clac, clac, clac… el martilleo incesante de los zapatos paseando por la sala es, de un tiempo a esta parte, la mayor causa de suicidio en bibliotecas del mundo. Y no sólo hacen ruido los zapatos de tacón. También hay zapatillas que provocan un ruido chirriante en el suelo, como de katiuscas. Inevitablemente hay que mirar al sujeto que se compra las deportivas de auténtico plástico y observarle atentamente, con la mirada entreabierta y el ceño fruncido, odiándole. Deseando ser Cíclope para fundirle.
¿Qué me dices de los ruidos que hace la gente al comer/beber? Mascar chicle, masticar caramelos, abrir un bote de refresco, tragar… Leches, no es tan difícil ser un poco cuidadoso y evitar en lo posible el molestar al de al lado.
Otro grupo odiable en las bibliotecas es el de los enfermos. Lo primero: contagiáis al resto. Lo segundo: vuestras toses, estornudos y sorbetes de nariz ya no sólo molestan, sino que además, por un lado, dan asco y por el otro, miedo. Sí, miedo a pillar la gripe A1H1, que quién te dice a ti que el que te acaba de toser en la oreja no ha estado en México hace una semana.
Supongo que cada uno tendrá en su mente a otros grupos de personas empeñadas en no dejar estudiar al resto en una biblioteca. Yo tengo los míos, y son los de arriba. Maleducados, vaya.
Escrito por Alberto Espinosa 
Escrito por Alberto Espinosa
Escrito por Alberto Espinosa
u título es “Trapos sucios”, y una vez leído el libro, incluso sin haberlo hecho de manera completa, es fácil comprobar el porqué de la elección que realizó el autor. Y es que el objetivo por mirar en la basura y en los defectos de las personas es el eje sobre el que pivota la trama principal que desnuda David Lodge. Sin embargo el título por sí solo no incita a la lectura, ni tampoco ayudan demasiado las tapas, de color amarillo, ni la propia ilustración que acompaña, que no se sabe realmente lo que es.
