Enemigo perenne

Agosto 20, 2009

oraNo soy yo de tener enemigos. De hecho, no recuerdo haber tenido un Némesis en ningún momento de mis 21 años (muy bien llevados por otra parte). Claro, en alguna ocasión sientes deseos de asfixiar a alguien con tus propias manos, sacarle los ojos con una cucharilla de café y sacarle la lengua por el ombligo, pero es esporádico. Se pasa.

Sin embargo, sí que hay aspectos de la vida de uno que merecen todo el odio del mundo. Podría hablar de unos cuantos, pero hoy no les toca. Hoy toca la ORA.

Odio que tenga que ser un alivio encontrar sitio para aparcar en zona azul porque normalmente sólo hay alguno suelto en la zona de residentes y claro, ahí no puedes aparcar. Odio, por supuesto, tener que aflojar el bolsillo para dejar el coche. Odio ver a los controladores de la ORA pasearse por Murcia como si fueran Policías Locales, poniendo multas como si se creyeran John Wayne en un polvoriento poblado del lejano Oeste. Y aún odio más cuando hay algún personajillo que goza de favores de esta gente por tener un bar y por invitarles a desayunar todos los malditos días.

Por eso disfruto como nadie yendo a Murcia en agosto. Porque ver el cartelito de “EXENTO DE PAGO”  me produce tales erecciones que me mareo de la poca sangre que me queda en el cerebro. El día que alguien se rebele contra las máquinas, que cuente con mi apoyo. Venganza, vendetta.


Nubes

Agosto 3, 2009

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Siempre me ha fascinado mirar las nubes. Desde pequeño he buscado formas conocidas entre las curvas blancas y espumosas de las nubes. La mayoría de las veces que he adivinado algo han sido animales feroces con la boca abierta que esperan a que algún avión les deje algo entre las fauces que les caliente el húmedo estómago. Más allá de animales, incluso criaturas mastodónticas, desde un dragón de enormes proporciones a un fénix que resurge detrás de alguna montaña.

Sobre todo me gusta cuando se mueven. Es como si esos animales cobrasen vida. Parece que en cualquier momento va a aparecer “El último superviviente” por cualquier tejado, pondrá una pose a lo Spiderman, me mirará como mira a la cámara y me contará cómo matar a esa nube sin dañarle la carne para que sirva de comida para un mes y abrigo para un año.

Cuando el Sol les incide desde abajo, se ponen más colorás que las zagalicas de doce años cuando les guiña un ojo el macarra de 3º de la ESO. Y entonces me vuelvo loco. Es como si se vistieran con su camiseta del Murcia, más orgullosas que yo, erigiéndose en el trono perfecto para el gran Panadero de Archena, que fijo que se sienta allí, con su casaca grana Kelme de vete a saber cuando. Como esperando verle e inmortalizarle, hago una foto. Casi siempre que puedo, claro.

Luego están las nubes que se ven cuando uno va en coche. Esas que te pasan por encima, mirándote más vacilonas que el cani de turno en la puerta del antiguo Viva Murcia un sábado por la noche, pelocenicero arriba, zapatos de chúpamelapunta blancos abajo. Suelen ser redondas, como esas que dibujan los críos encima de la casa con la chimenea, el árbol y el coche. Y más blancas que el corazón de Chendo.

He de decir que las que más me gustan, por encima de todas, son las grises. Esas que parece que de un momento a otro se van a poner más negras que el tizón y van a reventar sobre nuestras cabezas. Las que huelen a húmedo, las que tienen gases. Las que nos traen la tan ansiada agua. Será por eso que bendigo al cielo cada vez que aparece una tan grande que impide que se vea, allá a lo lejos, el Cristo de Monteagudo. Pocas veces descarga aquí su oro incoloro, pero da gusto verlas. Y olerlas. Y sentir la brisa que traen. E imaginarse que, encima de ellas, vuela un águila blanca, gigante y redondeada que bate sus alas esperando a que una nube tome la forma de un conejo para echárselo al pico.


El calor en Murcia

Julio 27, 2009

Imagen005Calor q’hace, coño. Mira que las temperaturas del verano murciano son altas, pero es que lo que pasó la semana pasada no tiene nombre. Hay una leyenda urbana desde el jueves pasado que dice que algunos termómetros del centro de la ciudad marcaban 57 grados centígrados. Como en todas las leyendas urbanas, nadie tiene una prueba feaciente de ello. Pero a todos nos lo ha contado un amigo o familiar.

El calor en Murcia es un calor mojao. Te podrás duchar setecientas ochenta y cuatro veces en un día, que no pasarán tres minutos desde que hayas salido de la ducha que ya estás entresudao. Ni saliendo empapado, sin siquiera secarse uno. También se le llama calor pegajoso, de esos que cuando duermes con la parienta y la abrazas te quedas pegado y no hay dios que te despegue. Que ni el SuperGlue.

Pues eso, que el jueves pasé más calor que en toda mi vida. Era salir a la calle y toparte con un guantazo de aire ardiendo que te quemaba los pelillos de la cara. Las paredes blancas cegaban la vista y el paisaje, a lo lejos, se ondulaba como cuando te dejas el gas abierto o miras muy de cerca la llama de un mechero. Creo haber leído en un periódico regional que hubo gente que directamente se derritió en medio de El Tontódromo. Fue la primera vez en la que vi morir el hielo de un granizado de limón en poco más de quince minutos.

Ahora, eso sí, la ducha que tomé justo al llegar a casa fue la mejor de mi vida. Qué cojones, a los dos minutos necesitaba otra.

Foto: 48 grados en La Redonda.


Pajillas

Julio 22, 2009

Imagen002No, no pienses mal. No es el diminutivo del divertimento favorito del adolescente medio español. La pajilla, también conocida como pajita fuera de los límites murcianos, es el conducto que separa a tus labios del líquido que contiene el vaso de plástico del McDonald’s.

Es divertido usarlas de vez en cuando. Y cómodo. Evita levantar el brazo para llevar el vaso a la boca. De pequeño me gustaban esas larguísimas que tenían mil curvas y que regalaban con los paquetes grandes del Cola Cao. Joder, que me quedaba bizco mirando el recorrido de la leche.

¿Y la de pescozones que me he llevado por, en vez de absorber, soplar por la pajilla? Que las burbujicas que se formaban en el vaso eran la crema. Pero claro, según mami era de mala educación. Reprimenda y otra vez a beber, lo que no quitaba que cuando desaparecía de su vista, las pompas volvieran al vaso.

He ido dos veces al Madison, pero no al Square Garden, sino a una cafetería que hay en el centro comercial Nueva Condomina (ver foto). Ambas dos he pedido un granizado de limón, que está muy rico ahora en verano. Y joder, las dos veces me han puesto una pajilla rota. Intentar beber por una con tres agujeros es una odisea. Salpica, no llega líquido a la boca y te hace tener que pedir “otra pajilla, por favor”. Por fortuna, no soy el único. Durante mi última visita, pude comprobar cómo tres personas pedían “otra pajilla, por favor, que esta está rota”.

Muy amablemente te dan otra, pero leches, que la segunda también tiene un agujero por donde se dobla. Que hay que tener mala suerte, digo yo, para pedir dos pajillas y que las dos estén rotas.

A ver si cambian de proveedor, porque me veo con mi pajilla de mil y una curvas en el bolsillo para que cuando vaya a una cafetería, pueda pedir un granizado de limón pero “sin pajilla, por favor, que ya llevo yo la mía”.

ACTUALIZADO A 30/09/09

Nos cuenta Miguel Ángel Flores, gerente de Madison Lunch & Coffee que las pajillas ahora son mucho más gruesas y que no se rompen. He podido dar fe de ello: ahora son negras y más gordas, pero lo mejor es que ya no se rompen y se puede beber tranquilo. Ahora ya sólo falta que bajen un poco los precios… :D


Desde China con amor

Abril 29, 2009

chinoResulta que cuando estás en Murcia, sobre todo por las tascas, caminando o parado, dentro o fuera de algún pub, hablando con alguien o pensando en lo tuyo, pero siempre acompañado de una bella (o no) fémina, disfrutando de la oscura y cálida noche a la vera del río Segura, llega un tipo bajito, medio encorvado, de rasgos asiáticos, y se te acerca para ofrecerte rosas. De plástico y naturales.

Este tío es un hombre tranquilo, no se sobresalta. Su ritmo al andar es invariable haga frío o calor, llueva o nieve. Pasito a pasito se va abriendo paso entre la multitud para golpear con las rosas el brazo del novio, rollo, acompañante, amigo o ídem con derecho a roce de una sonriente chica que no sabe si pedir o no una flor, porque por un lado es bonito caminar por la ciudad con una rosa en una mano y la de tu chico en la otra, pero por otro… es un poco cutre ¿verdad?

Háblale como quieras, en inglés, sueco o gallego, él te responderá en su idioma. Chino, japonés, coreano. Vete a saber. Pero da igual, maneja el lenguaje de los vendedores errantes. O me compras o no. Te insisto un poco. Y si no quieres, me voy. Y el tipo se va, en busca de otra pareja a la que pueda rascarle dos míseros euros por una rosa gastada y quizá sabedora de lo efímero de la unión que va a simbolizar durante unos días. Los que aguante con agua, claro.

No sé cómo se las apaña, pero consigue entrar en muchos pubs con portero en la puerta. ¿Cómo serán las miradas que se dediquen? ¿Cruzarán palabra alguna? Sinceramente, no imagino, por imaginar a alguien cualquiera, al portero de Badulake compadeciéndose de este humilde vendedor de rosas y dejándole pasar a hacer negocio. ¿Habrá algún tipo de acuerdo entre los pubs y los “jefes” de los chinos? Quizá se trate de un contrato no firmado: tú me dejas vender en tu pub y yo no te quemo el local. Así de sencillo.

Pero olvidémonos de lo perjuicioso, de lo feo de esta historia. Centrémonos en Lee, en Chun, en Sue, en Yi… bueno, en el chino de las rosas. Porque esa es otra. ¿Cómo se llama? ¿Qué nombre tendrá este Cupido sesentón (o setentón) que lanza rosas a los corazones de las murcianas? Hristo le llama Yayo Delgado

Como cualquiera que frecuente la noche murciana, el chino de las rosas habrá tenido innumerables choques con gente que no se merece que le ofrezcan una maldita rosa. Incluso agresiones, robos e insultos. Gente que no aprecia lo que en realidad es suyo aunque no lo parezca por sus rasgados ojos. La murcianía, de la que muchos hacen gala, a estos chinos con sus rosas les rebosa por los poros.

Sí, en plural. Chinos. No se sabe a ciencia cierta si es uno o si son veinte. Lo cierto es que hay varios. Incluso alguna mujer. Pero es una especie de leyenda urbana, porque yo no las he visto. Mi memoria de pez sólo me alcanza para recordar a dos de ellos, que son tan parecidos que, quizá, sean la misma persona. Pero, ¿quién lo sabe?

Muchos cuentan que le han visto lejos de Murcia. La Manga, Lo Pagán, Torrevieja… Y es que el amor no sólo se materializa aquí, donde vive el Sol, en la ciudad capital de la región sin estereotipo. El amor toma forma de rosa de plástico allá donde haya un chino, allá donde un enamorado regale una flor de tela a la chica que le sonríe. O que le frunce el ceño.

“¿Rosas de plástico? Cómprame de verdad, mándame un ramo a mi casa… ¡so cutre!”

Llevo tiempo preguntándome cuál será su historia. Cómo vino a Murcia, dónde vive, en qué condiciones. Y cuando te cuestionas esas cosas, y te preocupas, aunque sea un mínimo, por sus rutinas diarias, es porque, en cierto modo, guardas algún tipo de aprecio por esa persona. Quizá sea problema mío, que veo el lado romántico de todo esto y que aprecio el trabajo de una persona que va regalando amor a las parejas murcianas en forma de rosa de plástico. No lo sé muy bien, pero a pesar de su pesadez dando golpecios en el bracico, se les estima. A fuerza de verles y de rechazarles, claro. Una noche de fiesta no sería lo mismo sin su chino con sus rosas. O japonés. O coreano. De lo que no hay duda es que, a estas alturas, ya es más murciano que la sardina del río.


Arden Murcia y sus fiestas

Abril 18, 2009

Será cosa de las Fiestas de Primavera, pero Murcia está al rojo vivo últimamente.

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Contenedor de basura ardiendo en el lateral de El Corte Inglés, al lado del jardín de San Esteban


Enamorados del pastel de carne

Abril 15, 2009

Hoy, miércoles 15 de abril de 2009, se celebraba el día del Pastel de Carne. A partir de las 20:00 horas se iban a repartir miles de unidades de dicho manjar, más murciano que la propia Fuensanta, en la Plaza de Belluga, junto a la Catedral.

Y ha sido todo un éxito, porque el día del Pastel de Carne ha hecho que los murcianos se lanzaran a la calle en busca de su preciado trozo de cielo, con su hojaldre, su huevo, su ternera…

No sólo la Plaza de Belluga estaba a reventar por murcianicos ávidos de pastel de carne, sino que las confiterías, llegada la hora del cierre, carecían entre sus existencias del bocado más buscado del día. Incluso ya no quedaban pasteles en El Corte Inglés a las 21:00 horas.

Resulta curioso que tantas personas guarden cola durante un buen rato para conseguir un pastel de carne cuando podían haberlo conseguido en cualquier momento de la tarde en alguna confitería por algo más de un euro. Pero hay que entender que estamos en las Fiestas de Primavera y que la gente participa más de su murcianía con estas cosas.

Hoy, día del Pastel de Carne. Hoy, día grande en Murcia.

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