La vida después de Quique ¿…?
Como bien informa el diario Marca en su edición digital, la directiva del Valencia Club de Fútbol, encabezada por el presidente Juan Soler, ha cesado a su entrenador, Quique Sánchez Flores a las 03:52 horas de la madrugada. Con nocturnidad y alevosía, el máximo dirigente ché fulminó al sobrino de la faraona después de la dolorosa derrota por 3-0 que le endosó un Sevilla que ya ha demostrado que sin Juande Ramos también sabe ganar.
Dos derrotas le han bastado al señor Soler para cargarse a la persona por la que apostó el pasado verano, después de despedir a su director deportivo por enfrentarse al propio Quique. Perder contra el Rosenborg en Champions League puede resultar, y lo es, muy doloroso. Caer en el Pizjuán ofreciendo una penosa imagen y recibiendo tres goles, atentando precisamente contra el punto fuerte del Valencia, la defensa, también. La impaciencia y la manejabilidad de los medios sobre el presidente, más todavía.
El Valencia se veía en la parte alta de la clasificación liguera y aún había tiempo para reaccionar en la Copa de Europa. Pero la presión social y mediática sobre la directiva ché han obligado a la cúpula del murciélago a derrocar al rey Quique de su trono, a pesar de los buenos resultados conseguidos hasta hace apenas cuatro días. De todo esto se desprende un olor a incapacidad y poca inteligencia que apesta. Y os diré por qué.
Si tú, como presidente de un equipo de élite, consideras que el juego desplegado por tu club no está siendo bueno y en consecuencia la afición, que al fin y al cabo es la que te sostiene, no está contenta con ello y se queja, moralmente tienes que hablar con tu entrenador y, o cambiar las cosas, o desdepedirle en favor de otro que le baile los ojos a los abonados. Por el contrario, si los resultados no están siendo buenos, aunque el juego sea vistoso, también tendrás que meditar sobre lo anterior: seguir o echarle. Pero lo que jamás harás será cesar a tu técnico por culpa del juego desplegado usando como excusa barata dos resultados negativos seguidos.
El tiempo dirá si Juan Soler se ha equivocado o no, pero lo que es seguro es que le han fallado las formas. No ha sido consecuente con lo que la afición le pedía. Excusa barata.

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