Cachorros por leones
Decía un veterano ex-jugador de Athletic de Bilbao que hace años sabían antes de empezar que saliendo a correr más que el contrario ganaban 3-0. Y así era.
Probablemente por eso la directiva del conjunto bilbaíno pensó, en el momento en el que se presentaron a las elecciones a la presidencia, en Joaquín Caparrós, experto en esas vicisitudes. Garra, furia, lucha, sangre y muerte sobre el verde, valores sobre los que hace décadas se asentaba el único equipo español y de los pocos del mundo que se sustenta en exclusiva gracias a su cantera.
Anoche se jugó en San Mamés un Athletic-Betis en el que quedó patente que los valores que Caparrós ha inyectado en la sangre de los cachorros de león no son suficientes como para pasar una temporada tranquila e incluso optar a cotas más altas. Un partido roto, posiblemente porque los rojiblancos lo quisieron así, en el que se demostró su incapacidad técnica de mediocampo hacia adelante. Y eso que su entrenador ha conseguido construir un muro defensivo que sostiene al resto del equipo (que no es poco), cuya torre principal es uno de los, a mi juicio, mejores porteros de España, Gorka Iraizoz.
El fútbol evoluciona cada pocos años. A mí me chirrían los oídos cada vez que oigo a alguien decir que el mejor jugador de la historia es, o bien Pelé, o bien Di Stéfano. Sólo hay que ver las imágenes de los partidos de antes de los 80 para darse cuenta de que aquel fútbol era mucho más lento, además de que los sistemas defensivos brillaban por su ausencia. Todavía no he visto ningún vídeo en el que un defensa presione, encime y muerda a ‘O Rei’ o a ‘La Saeta Rubia’.
Es a partir de finales del 70, principios de los 80 cuando el fútbol se revoluciona. Nace el gran Maradona a mediados de década con un fútbol más vistoso y rápido. Las defensas se especializan, los tres centrales dejan paso a cuatro (dos centrales y dos laterales) y la presencia arriba se va reduciendo.
El fútbol evoluciona de tal manera que cada vez hay más jugadores capaces de desbordar a seis, de hacer un pase entre cuatro, de convertirse en un malabarista y de dejar con la boca abierta a más de dos y de tres rivales. Jugador que, por ejemplo, no tiene el Athletic de Bilbao.
Sí, han recuperado la garra y la lucha, pero con eso ya no vale.

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